Tanto el cine como la prensa escrita tuvieron un papel importante durante las dos primeras guerras mundiales. Sirvieron fundamentalmente como propaganda política intentando persuadir a las personas sobre determinada preferencia.
Durante la primera guerra mundial se dio inicio a la propaganda política con grandes campañas de información y organizadas desde los Estados Unidos. De esta manera hicieron su aparición diversas formas de comunicación como el uso masivo de carteles. Lo que se buscaba era el apoyo de la población a las decisiones tomadas por cada uno de los gobiernos y que suponían eran de interés nacional.
Aquello fue desvirtuando la labor de los medios de comunicación asignándole un papel netamente propagandístico. Entre 1915 y 1917 se inician una serie de campañas –incluso ocultando información- que buscaban que Estados Unidos entre en la guerra que desangraba a Europa y que los aliados iban perdiendo.
Propaganda de la Primera Guerra Mundial
Durante la segunda guerra mundial, los medios de comunicación siguieron cumpliendo su papel de propaganda. Pero, en esta ocasión incluyó a la radio. Respecto a este medio se puede resaltar el papel que jugaron los reporteros de guerra quiénes informaron con alto grado de dramatismo los sucesos de les tocó vivir. El cine siguió presentando las imágenes de esta conflagración que llegó a todo el público y en el que se encendían las pasiones.
Los nazis durante esta época desarrollaron todo un sistema de control de los medios de comunicación que iba desde el cine hasta la literatura lo que les permitió organizar todo un sistema de propaganda que les asegurara no sólo el apoyo de los propios alemanes sino de las poblaciones a los cuales iban conquistando.
A Goebbels se le atribuye mucho de propaganda moderna, entre ellos sus 11 principios:
-Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
-Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
-Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. «Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan».
-Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
-Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
-Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
-Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
-Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
-Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
-Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
-Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.
Propaganda de la Segunda Guerra Mundial
Fuentes de información
Eguizábal Maza, Raúl. Historia de la publicidad. Editorial Eresma & Celeste Ediciones, Madrid, 1998.Berstein, Serge. Los Regímenes Políticos del Siglo XX. Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 1996.

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